Un episodio profundamente triste y conmovedor se vivió en la ciudad de Villa Montes, en la región del Gran Chaco, donde una familia, golpeada por el dolor de la pérdida, decidió llevar el ataúd con el cuerpo de una madre fallecida hasta la carceleta de la ciudad para que su hijo, quien se encuentra privado de libertad, pudiera despedirse de ella.
La escena, marcada por el llanto y la impotencia, ocurrió en medio del velorio y causó profunda conmoción entre quienes presenciaron el momento. El féretro llegó hasta las puertas de la carceleta acompañado por familiares que, entre lágrimas, buscaban cumplir un último acto de amor: permitir que el hijo pudiera decir adiós a su madre.
Según relató la hermana de la fallecida, la familia había solicitado previamente autorización para que el joven pudiera despedirse de su madre cuando aún estaba con vida y agonizaba. Sin embargo, el pedido fue rechazado por las autoridades.
“Pedimos que lo dejaran verla cuando todavía estaba viva, cuando aún podía escuchar su voz… pero no nos dieron el permiso”, lamentó la mujer, profundamente afectada por la situación.
Ante la negativa, la familia enfrentó la dolorosa pérdida sin esa última despedida en vida. Pero tras el fallecimiento de la madre, decidieron trasladar el ataúd hasta la carceleta en un gesto desesperado y cargado de humanidad, con la esperanza de que el joven pudiera despedirse de ella, aunque ya fuera demasiado tarde.
El hecho ha generado conmoción y debate entre vecinos de Villa Montes, quienes cuestionan la falta de sensibilidad en este tipo de situaciones humanitarias, donde el dolor de una familia y la posibilidad de una última despedida quedaron supeditados a los protocolos.
Entre el silencio de la carceleta y el llanto de los familiares, quedó una escena difícil de olvidar: la de un hijo obligado a despedirse de su madre frente a su ataúd, después de que se le negara la oportunidad de verla por última vez cuando aún estaba con vida.
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