El bloqueo mayor que frena a Bolivia

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Cuando el presidente Rodrigo Paz Pereira afirma que el país está quebrado la primera imagen que me asalta es la de las familias pobres. Es cierto que el Estado Plurinacional se encuentra en una situación muy crítica. Los especialistas económicos hablan del gran déficit fiscal, de las escasas reservas internacionales, del control de la inflación y se rasgan las vestiduras cuando se refieren a la deflación. El panorama es sombrío.
Y, cómo no, los dirigentes políticos, entre ellos los propios oficialistas, toman el micrófono para expresar su indignación porque las cosas no cambian en el país en seis meses, porque el déficit del Estado no ha disminuido; otros, quienes tienen más privilegios, demandan más oportunidades para exportar y unos más se lamentan que Bolivia es la misma desde que fue fundada.
Pero en el llano, la cosa está más complicada. Las familias de bajos y medios ingresos sufren los principales golpes de una economía en crisis y, además, golpeada sin clemencia. Los precios de los productos básicos han subido mucho más con el actual conflicto. (La carne de res es un producto de lujo). Los choferes abusan con su servicio; mientras los alcaldes están ocupados en otros asuntos. Y el gobierno no tiene la dimensión precisa de las durísimas consecuencias de la gasolina basura.
Cuando Evo Morales, líder de los cocaleros del Chapare, convoca a llevar adelante la “marcha para salvar Bolivia”, debería sentir vergüenza ante la evidencia que el gobierno del MAS no pudo con los problemas estructurales del país. Un solo ejemplo, jamás pudo encarar o, cuando menos, aliviar el problema de la migración del campo a las ciudades, que en su gobierno no hubo ideas para convertir al altiplano en productora de alimentos básicos.
Así, cada día, solo aparecen argumentos para sostener que el expresidente no sale de la cápsula en la que lo endiosaron quienes sí se beneficiaron. Ergo Morales tendrá una mirada parcial del país y, por lo tanto, no es el líder que, a principios de siglo, alentaba un proceso de transformación, que terminó frustrado.
Soy de las personas que cree que Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga, como otros dirigentes políticos menores, no pudieron construir una visión de país alternativa en 20 años. Los resultados electorales del 2025, similares a los del pasado, son elocuente evidencia. Los menciono porque hoy tienen una oportunidad histórica para construir el camino de la salida de la crisis boliviana.
En ese contexto, es más evidente la poca eficiencia del gobierno para temas urgentes, como la ausencia de articuladores políticos que desde el Ejecutivo tejan los acuerdos necesarios en la Asamblea Legislativa. Al cabo de un periodo que empezó con enormes expectativas y que terminó con desastre en noviembre pasado, los bolivianos de todas las condiciones sociales y económicas esperan un nuevo momento con oportunidades, seguridad y certeza. A eso, hay que sumar la imperiosa necesidad de sentar las bases para ese encuentro fue cultivado, porque en este país los caciques, de uno y otro lado, buscaban hundir al otro.
En suma, en un momento de transición política, la crisis económica viene ser uno de los asuntos centrales que los diferentes actores políticos, empresariales y sociales deberían buscar encarar, en un contexto complejo; pero no ajeno ya a nuestra costumbre de caminar al límite del barranco. Quizas la mayor lección de estos seis meses es que los cambios fracasarán si los materializan sin considerar al otro, desde esa visión de que ‘ahora es mi tiempo’. Allí está el ejemplo de la Ley 1720, que fue torpedeada por sus propios impulsores con un discurso poco sincero.
En suma, el encuentro nacional requiere de una auténtica voluntad para construir un país inclusivo y con oportunidades.
No es sencillo. Pero hay que intentarlo, si es que no se quiere que Bolivia quede bloqueada por otros 20 años, una vez más. Hoy, una vez más, queda en evidencia que un bloqueo mayor puede afectar a Bolivia, si mantenemos esa mirada parcelada de la realidad y mucho más si consideramos que el líder del Chapare está detrás de todo esto.

//La Estrella del Oriente

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