En una jornada que osciló entre la incertidumbre política y la esperanza de un nuevo comienzo, la gobernadora de Tarija, María René Soruco, fue finalmente posesionada por la Asamblea Legislativa Departamental, marcando el inicio de una gestión que nace en medio de tensiones, pero también de grandes expectativas.

El acto, realizado en la Casa de la Cultura y posteriormente trasladado al frontis de la Gobernación, estuvo precedido por momentos de incertidumbre debido al empate político que mantiene paralizada la elección de la directiva de la Asamblea. Sin embargo, a través de una comisión especial conformada por representantes de las distintas bancadas, se logró destrabar el proceso y tomar el juramento, dando paso a un momento que muchos esperaban y otros miraban con cautela.
Ya investida como la primera autoridad departamental, Soruco no esquivó la realidad. Por el contrario, la enfrentó con un discurso cargado de simbolismo y responsabilidad, dejando en claro que su mandato no pertenece a una sola persona ni a un solo órgano. “Este mandato es para todos”, afirmó, en una frase que resonó como un llamado directo a la conciencia política del departamento.

Uno de los ejes más intensos de su intervención estuvo dirigido a la Asamblea Legislativa Departamental de Tarija, en un contexto marcado por divisiones internas. Lejos de la confrontación, su mensaje buscó tender puentes: “Gobernar no es solo administrar, es articular voluntades, generar consensos y construir futuro en unidad”. Sus palabras no fueron casuales, fueron una respuesta a un momento crítico donde la institucionalidad exige altura y madurez.
En ese mismo tono, dejó una de las frases más contundentes de la jornada: “Tarija necesita acuerdos, no divisiones. Necesita puentes, no muros”. Una declaración que no solo define una postura política, sino que retrata el sentir de una población que observa, espera y exige resultados.
La gobernadora también apeló a la memoria colectiva del departamento, recordando la lucha por la autonomía en 2006 como un ejemplo de unidad y visión compartida. Ese pasado, evocó, debe servir hoy como guía para enfrentar los desafíos actuales, en un contexto donde las diferencias amenazan con frenar el desarrollo.

Con claridad, delineó las prioridades de su gestión: una salud fortalecida y digna, con mejores condiciones de atención e infraestructura; un impulso decidido al desarrollo productivo, apostando por el campo, la agroindustria y la innovación; y un turismo que deje de ser promesa para convertirse en motor económico, aprovechando la riqueza cultural, histórica y natural de Tarija.
Pero más allá de los ejes programáticos, lo que marcó su intervención fue el tono: un llamado urgente a la responsabilidad colectiva. “La ciudadanía nos está mirando”, advirtió, recordando que el verdadero desafío no está en los discursos, sino en la capacidad de transformar las palabras en resultados concretos.
Así, entre tensiones no resueltas y la esperanza de un nuevo rumbo, Tarija abre una etapa decisiva. Una etapa donde, como dejó entrever Soruco, el futuro no dependerá de una sola voz, sino de la voluntad de todos de dejar de lado las diferencias y construir, desde el diálogo, un destino común.
