El atesoramiento de dólares pulverizó la inyección de divisas destinada a frenar el colapso y confirma la profunda desconfianza en el peso.
Cuando el Tesoro de Estados Unidos (EE.UU.) anunció el rescate financiero para Argentina en octubre, el argumento económico fue claro: el país atravesaba un «momento de aguda iliquidez». El objetivo era inyectar divisas de manera urgente para evitar un colapso cambiario.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, comunicó una serie de medidas, que incluyeron un swap de monedas por US$ 20.000 millones (cuyos detalles clave aún se desconocen) y una inédita intervención directa mediante la compra de pesos en el mercado. Bessent arriesgó que su país no perdería dinero con estas operaciones, asegurando que «comprarían barato para vender caro».
El Dato que Revierte la Apuesta
Sin embargo, la más reciente evidencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) pone en jaque la efectividad del apoyo:
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En solo seis meses, los argentinos compraron US$ 17.636 millones.
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Esta cifra equivale a casi la totalidad del swap pactado con EE.UU.
Este voraz atesoramiento, alcanzado en tan solo 180 días, demuestra que la demanda de dólares pulverizó la inyección de divisas. Ni el reiterado apoyo del Gobierno de Donald Trump a Javier Milei logró sossegar el avance de la dolarización de carteras.
Aunque el Gobierno logró superar la elección de medio término del 26 de octubre, este dato subraya que el auxilio no fue suficiente para contener la fuga
