Hay cumpleaños que se celebran con una torta, una reunión familiar y algunas fotografías. Y hay cumpleaños que invitan a mirar hacia atrás para recorrer toda una vida.
Este 15 de junio, Vito Blacud Trigo cumple 87 años. Ochenta y siete años llenos de historias, desafíos, alegrías, triunfos y también momentos difíciles que fueron moldeando el carácter de un hombre que dejó su marca en Tarija y, sobre todo, en su familia.

Hablar de Jorge Vito es recordar a un hombre de carácter fuerte, de palabra firme y de convicciones profundas. De esos hombres que no conocían el camino fácil y que entendían que las cosas importantes se consiguen con esfuerzo, disciplina y perseverancia.
Nació en Tarija cuando la ciudad todavía conservaba el ritmo tranquilo de otros tiempos. Creció viendo una tierra llena de oportunidades y también de necesidades. Muy temprano comprendió que el estudio podía abrir puertas y que el conocimiento era una herramienta capaz de cambiar destinos.
Esa convicción lo llevó a viajar a los Estados Unidos para continuar su formación académica como Ingeniero Civil. Para un joven tarijeño de aquella época no era una decisión sencilla. Significaba alejarse de su familia, de sus costumbres y de su tierra. Pero también significaba perseguir un sueño.
Años después regresó a Bolivia con la mirada puesta en el futuro y con el deseo de aportar al desarrollo de Tarija. Como Ingeniero Civil comprendía que el progreso no era solamente una idea o una aspiración. Era una tarea concreta que exigía planificación, esfuerzo, visión y compromiso. Esa forma de entender la vida marcaría su trayectoria personal, profesional y pública.
Su vida estuvo ligada al trabajo, a la actividad empresarial y al servicio a su departamento. Fue presidente del Comité Cívico de Tarija, Prefecto del Departamento, Presidente de CODETAR y representante de Bolivia en espacios internacionales vinculados a las Naciones Unidas.
Sin embargo, quienes lo conocen saben que ninguna de esas responsabilidades explica completamente quién fue y quién es Don Vito.
Porque la verdadera historia de una persona casi nunca se encuentra en los cargos que ocupó.
Se encuentra en las personas que caminaron a su lado.
Y en ese camino hubo una mujer que ocupa un lugar especial: Ana María Martínez Paz.
Trabajadora, dedicada y apasionada por la enseñanza, Ana María ejerció como profesora de idiomas en distintos colegios de Tarija. Muchas generaciones de estudiantes la recuerdan por su vocación, su disciplina y su amor por la educación.
Mientras Vito enfrentaba los desafíos de la vida pública y empresarial, Ana María construía desde las aulas otra forma de servir a la sociedad: formando jóvenes, enseñando idiomas y transmitiendo valores que iban mucho más allá de los libros.
Juntos formaron una familia y tuvieron cuatro hijos: Jorge, Adolfo, Vito y Nicolás.
La vida les regaló momentos de felicidad, proyectos compartidos y sueños por cumplir. También les tocó enfrentar pruebas difíciles. Una de las más dolorosas llegó con la partida de Ana María, cuando sus hijos todavía eran jóvenes y aún no habían formado sus propios hogares.
Las ausencias nunca terminan de irse del todo. Permanecen en los recuerdos, en las conversaciones familiares, en las fotografías guardadas y en las enseñanzas que siguen acompañando a quienes quedan. Así ocurrió con Ana María, cuyo legado continúa vivo en sus hijos, en sus nietos y en todos aquellos que tuvieron la fortuna de conocerla.
Con el paso de los años, Jorge, Adolfo, Vito y Nicolás construyeron sus propias familias. Llegaron los nietos, las nuevas generaciones y también la satisfacción de ver cómo los valores sembrados durante años seguían dando frutos. La educación, el trabajo y la perseverancia continuaron siendo parte esencial de la historia familiar.
Hoy, al cumplir 87 años, Vito puede mirar hacia atrás y ver mucho más que una sucesión de cargos o responsabilidades.
Puede ver una vida completa.
Puede ver a los amigos que estuvieron en el camino, a los desafíos superados, a los sueños alcanzados y a la familia que fue creciendo con el paso de los años.
Puede ver a sus hijos convertidos en hombres, a sus nietos construyendo sus propios sueños y a nuevas generaciones llevando adelante valores que nacieron mucho tiempo atrás.
Puede recordar también a quienes compartieron con él los momentos más importantes de su existencia, a quienes estuvieron presentes en los tiempos buenos y en los tiempos difíciles, y a quienes siguen ocupando un lugar especial en su memoria.
Porque en la vida no son los títulos los que cuentan la historia de una persona.
Lo que realmente permanece son las huellas que dejó en los demás.
Y después de 87 años, la historia de Vito Blacud Trigo sigue escribiéndose en cada recuerdo familiar, en cada enseñanza transmitida y en el cariño de quienes han tenido el privilegio de compartir parte de su camino.
Quizás por eso estas líneas tienen un significado tan especial. La vida me dio el privilegio de tener a Vito como padrino de bautizo y, al mismo tiempo, compartir con él un vínculo familiar aún más profundo a través de mi querida hermana mayor, Ana María Martínez Paz.
A lo largo de los años pude observar no solamente al hombre público que muchos conocieron, sino también al ser humano detrás de las responsabilidades, los cargos y los reconocimientos. Vi de cerca una generación que enfrentó la vida con valentía, trabajo y determinación, y que dejó enseñanzas que siguen vigentes hasta hoy.
Por eso, este homenaje no busca destacar únicamente los cargos que ocupó o las responsabilidades que asumió a lo largo de los años. Busca reconocer al hombre, al padre, al ingeniero, al amigo, al ciudadano comprometido con su tierra y a la persona que forma parte de algunos de los recuerdos más importantes de mi propia historia familiar.
Al celebrar sus 87 años, celebro también la memoria de mi hermana Ana María, cuya presencia sigue viva en el cariño de sus hijos, de sus nietos y de todos quienes tuvieron la fortuna de conocerla.
Feliz cumpleaños, Vito.
Que este nuevo aniversario esté rodeado del afecto de su familia, del cariño de sus amigos y de la satisfacción que produce mirar hacia atrás y descubrir que una vida dedicada al trabajo, a la perseverancia y a los seres queridos nunca pasa desapercibida.
Porque las personas verdaderamente importantes no permanecen solamente en la memoria.
Permanecen en el corazón.
Carlos
